Análisis Castlevania: Lords of Shadow Mirror of Fate

Castlevania: Lords of Shadow – Mirror of Fate es el capítulo central de la trilogía que, de la mano de Mercury Steam, pretende renovar la saga del vampiro más famoso de todos los tiempos (el Conde Draco no, el otro). Iniciada por Castlevania: Lords of Shadow y finalizada con el previsto para este año, Castlevania: Lords of Shadow 2 (y hasta aquí llegaron los subtítulos molones), narra la historia de Drácula y del clan Belmont desde el mismísimo origen.

 

Así, si en Castlevania: Lords of Shadow asistíamos, en primera persona, al descenso a los infiernos que sumiría a Gabriel Belmont en la oscuridad y una eterna sed de venganza (aunque para esto no basta con el juego sin más: hay que finalizar los 2 DLCs que amplían la historia: Reverie y Resurrection), en Mirror of Fate descubriremos cómo esta maldición afecta a los descendientes de los Belmont.

Y es que jugar a Mirror of Fate es viajar en el tiempo, a través de los 4 capítulos que forman el juego, pues tomaremos el papel tanto del hijo como del nieto de Gabriel, en busca de venganza, honor, limpiar el nombre de la familia y, en definitiva, usar la cruz de combate ideada por el maestro Rinaldo Gandolfi contra todo monstruo que se cruce en nuestro camino a lo largo de un mapeado en esas 2 dimensiones (y media) que tan buenas sensaciones traen a los cazavampiros más veteranos.

Habrá gente a la que no le gustará la idea de publicar el nudo de una trilogía en una plataforma diferente en las que verán la luz tanto la presentación como el desenlace, y también habrá los que consideren este título un imprescindible de la Nintendo 3DS. Si tenéis curiosidad por saber en qué bando estoy, sabed que me he comprado la consola por este juego. Es decir: fuí a la tienda, cogí Mirror of Fate de la estantería, di un pasito, me hice una Nintendo 3DS XL (azul, por si realmente tenéis mucha curiosidad), fui a caja, volví sobre mis pasos para coger un adaptador para la corriente (renegando de cómo es posible que no lo traiga de serie) y, de nuevo, a caja a pagar. Y, por fin, a casa a jugar.

A jugar 10 horas y 44 minutos. Es lo que he tardado en terminar el juego, con un 100% de secretos descubiertos. Desgraciadamente no advertí que había varios niveles de dificultad hasta que terminé el juego y desbloqueé la dificultad “Extrema” (no soy muy de entrar en las opciones de los juegos, la verdad), así que lo terminé en “normal” con muchísima calma y, de vez en cuando, dejando el juego conectado para echar un pulso con mi gato. No es un juego excesivamente largo, ni difícil (ya no me refiero a la dificultad en sí, sino al hecho de conseguir todos los secretos).

Sin embargo, es de justicia decir que esas 10 horas y 44 minutos fueron casi seguidas (con las lógicas entradas en boxes para comer y dormir): me ha mantenido enganchado y con ganas de continuar. Cuenta con una jugabilidad decente y una historia suficientemente interesante (teniendo en cuenta que se trata de la continuación de un reboot de una saga, Castlevania, con muchísima historia, y que me chirrían los dientes cada vez que ocurre algo que no concuerda con mi “línea argumental”) para serle fiel, y no buscar diversión en otros castillos.

Un castillo, por cierto, interesante el que nos encontraremos en este título ya que, al ir saltando de generación en generación de Belmont, veremos como la morada de Drácula va cambiando. Por otra parte, y no importa cuánto evolucione el castillo con el paso del tiempo, no podremos romper candelabros para conseguir corazones que nos den munición para nuestras armas secundarias. Es algo que consideré aceptable en Lords of Shadow, por aquello de ser en 3 dimensiones, pero el regreso de las 2 dimensiones (y media) hizo que mi parte más nostálgica creciera demasiado.

Quizás esa misma nostalgia pueda hacernos llegar a pensar que estamos ante un nuevo Symphony of the Night. Ya os digo yo que no. Lo cierto que puestos a decir, ya que es mi opinión personal, me atrevo a anunciar que no volveremos a ver algo así en varias vidas, no importa cuántas generaciones de Belmont se vayan sucediendo.

Y cuidado, que Mirror of the Fate me ha gustado bastante. A lo largo de los 4 capítulos que dura el juego, tomaremos el control de 4 personajes, cada uno con sus propias habilidades y armas secundarias. Subiremos de nivel (hasta un máximo de 18) y desbloquearemos nuevos combos.

Pero cuidado de nuevo: los 4 personajes se controlan de una manera muy parecida, el nivel obtenido se conserva de un personaje a otro y los combos no son necesarios para terminar el juego (son efectivos y se encadenan con facilidad, pero machacando la X también mataremos sin problemas).

Aunque, si queréis saber lo que realmente no me ha gustado del juego, es sencillo: no me gusta que las plataformas a las que debo saltar/agarrarme brillen. Y no me gusta que en determinado enemigo final me aparezca un mensaje en pantalla explicándome cómo debo esquivarlo. He derrotado a los guardianes de Anor Londo: no necesito que me digan que debo saltar cuando un enemigo me embiste.

No he hablado hasta ahora de la pantalla táctil porque no la he usado más que para cargar partida y navegar por el inventario. Existe la posibilidad de dejar notas en el mapa, para señalar las zonas a las que debemos volver una vez hayamos conseguido los poderes necesarios para superar ciertos obstáculos, pero es una opción totalmente inútil, ya que no sólo en el mapa del castillo podremos ver el número de secretos que nos quedan por conseguir en cada área, sino que en el mapa de la misma zona aparecerán unos signos de interrogación amarillos para señalarnos ciertos cofres o notas que nos hemos dejado atrás. Si a esto le sumamos el hecho de que se aprecia fácilmente qué partes del mapa falta por descubrir… no usaréis demasiado el stylus para darle caza a Drácula.

Por contra, si tenéis curiosidad por saber lo que me ha encantado del juego, es el hecho de que gran parte de los secretos son fichas de personajes y/o monstruos (¿realmente es necesario tener que salir al menú principal del juego para consultarlas?), o notas de soldados caídos, que amplían la historia y añaden un más que bienvenido transfondo y profundidad a la exploración del castillo.

Si a eso le sumamos el cuarto (y último capítulo) de la historia de Mirror of Fate, en el que encarnaremos a Trevor, con, a mi entender, la mejor parte de la historia, las armas secundarias y habilidades más divertidas de usar (volvemos a repartir cera usando la Magia Luminosa, para curarnos, y la Magia Oscura, para hacer más daño) y unos enemigos finales con unos combates muy divertidos (que no difíciles), hace que considere más que bien empleadas estas 10, casi 11, horas de juego.

No os dejéis engañar por las 2 dimensiones (y media): no es un Castlevania como los de antes (como los que yo considero “de los de antes“, al menos), pero eso no quiere decir que no sea un juego muy entretenido y divertido.

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  1. Sensaciones encontradas. Por un lado, me ha gustado más este Castlevania que el anterior de Mercury Steam, que ya sabes que no soy muy fan. Por otro lado, lo veo un “metroidvania” bastante light, que abofeteará a todos aquellos que esperen un castillo al que haya que sacarle el 300% para exprimirlo al máximo.

    Es una pena porque con alguna que otra variación se podría haber conseguido bastante más de lo que ha terminado siendo. No sé si por falta de ambición o de lo que sea, pero ha terminado siendo un producto correcto, cumplidor.

    Por lo que no leo en tu texto, veo que te ha enamorado el uso de las tres dimensiones 😛

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