Análisis NBA 2K17

2K y Visual Concepts, un año más, vuelven a golpear con fuerza para que a cualquiera que se le ocurra plantarle batalla tenga muy claro que va a tener muy difícil escapar de la larga sombra que proyecta su NBA 2K.

Un año más, y de la mano de Paul George, Kobe Bryant como leyenda, el básquet solo tiene una casa, NBA 2K 17. Mientras que EA ha vuelto a retirarse de la pugna y su NBA Live seguirá en su cueva, buscando la manera de poder lanzar un producto con cara y ojos, no hay nada en el horizonte que parezca querer hacer frente a la hegemonía más descarada de los últimos años.

Sin duda, una de las claves de su domino es la de desmontar y montar año tras año aquello que a los fans les ha disgustado o crean que podría mejorarse. De ahí que casi cada año tengamos una manera de ejecutar nuestros tiros al aro de manera diferente o se modifiquen y mejoren las físicas para buscar un mayor realismo en los robos y los rebotes. El ejemplo más claro de esta reingeniería es el del modo Mi Carrera, con el que siguen sin dar con la tecla pese a los intentos anuales para buscar una experiencia bien equilibrada entre lo que nos ocurre en la pista y fuera de ella.

Si hay algo que no falla cada año es lo divertido que es jugar. Pese a que cada año conviene hacer un refresco y pasarse por los tutoriales para ver cómo han dejado nuestros truquitos (pick & roll a muerte) o como debemos tirar al aro (este año tenemos una barra de tiro que variará en función del jugador que lance), NBA 2K 17 mantiene la misma jugabilidad excelente de sus predecesores, mejorando sobre todo la petición de jugada, ahora mucho más entendible y práctica, y lo relacionado a rebotear ofensivamente, generando situaciones muy realistas debajo del aro cuando no sabemos dónde va a acabar la pelota. Esta elevada variabilidad es lo que más me maravillad de la saga que, aun después de muchas horas de juego, consigue que me tope con alguna situación nunca antes vivida, como un nuevo tipo de tapón, un palmeo que aparece de la nada o una nueva posibilidad dentro de esa gran relación entre la canasta y el aro. El secreto recae tanto en el gran sistema de físicas como en las miles de posibilidades que el equipo de Visual Concepts ha calculado que puedan surgir, seguramente algunas de llevas nunca llegaré a verlas.

Esa infinidad de posibilidades hace que cada partido pueda ser completamente distinto, una nueva experiencia que se potencia con la recreación notable de los jugadores, sus campos (ahora con presentaciones espectaculares), sus comentaristas (mucho mejor en inglés) o los elementos sonoros del público o megafonía. Pese a todo, 2K y Visual Concepts tienen que ir pensando en un upgrade para su motor gráfico ya que aunque NBA 2K17 aguanta muy bien el tipo en lo que a jugadores se refiere (no válido para muchos de los jugadores que forman los 21 equipos europeos) no lo hace tanto en otros frentes. Cuando nos salimos del parquet, la cosa decae sobremanera y tanto el público, cheerleaders o cualquier elemento “secundario” tienen un acabado gráfico deficiente, que en 2017 chirría por todas partes y urge mejorar de cara a la siguiente entrega. Lo mismo ocurre con ese showtime de medio tiempo en el que en un plató (muy pobre) Shaquille O’Neal, Kenny “The Jet” Smith y Ernie Johnson nos analizan la primera mitad del partido. Se valora que esté ahí, pero deben hacer algo para que luzca mucho más.

Lo mismo con los shows de los tiempos muertos o entre cuartos. Ayuda a la inmersión que aparezcan las cheerleaders dando volteretas, o las mascotas, pero la calidad gráfica es un contraste demasiado fuerte si, por ejemplo, lo comparamos con Lebron James que está a unos metros de distancia, descansando en el banquillo. Me queda la duda de saber si es debido a un tema de motor gráfico o de tiempo de desarrollo, pero el caso es que requieren una buena mano de pintura para que la buena intención llegue a buen puerto.

Buenas intenciones también parece que hay con el modo Mi Carrera, el modo principal de juego en el que, año tras año, 2K y Visual Concepts nos varían la formula, intentando darle más fuerza y conseguir una experiencia total de lo que es el mundo NBA. Para la ocasión, nos olvidamos de grandes dramas familiares y esta vez jugaremos con Pres y viviremos su época universitaria para luego saltar a la NBA como un jugador cualquiera.

Lo que hace unos años era jugar partido tras partido e ir mejorando atributos, en esta edición se ha potenciado la faceta de simulador social y nos pasaremos más tiempo yendo al gimnasio y mirando el móvil que jugando los pocos minutos que nuestro entrenador nos regale. Las cinemáticas de Spike Lee de la entrega anterior (que tampoco eran boyantes) se han intercambiado por otras de trámite para hacer avanzar una supuesta historia e intentar meternos en el personaje. Como novedad del modo, cabe destacar el Oranje Juice, esa sincronización entre nosotros y un compañero que, tras hilvanar varias jugadas juntos, nos permitirá cambiar entre ambos y hacer jugadas especiales, como alley-oops, con relativa sencillez.

La fórmula de este año no funciona y no lo hace porque precisamente tenemos demasiado tiempo a llenar entre partido y partido. Entrenar constantemente para conseguir la moneda del juego, y poder subir nuestros atributos, termina por cansar. De aquí nace la gran nube negra de esta edición, y algo muy criticable al juego ya que nos guía de manera sibilina a gastar dinero real para conseguir mejorar nuestros atributos rápidamente y así no tener que estar entrenando constantemente. Es una pena que a cada edición la diferencia entre esfuerzo y recompensa sea mayor y que la tentación de gastar dinero real incremente pudiendo desmotivar al jugador (o al menos a mí).

Más divertido y con mayor recompensa es el modo Mi Equipo, el otro gran modo de NBA 2K17. Como sucede con el Ultimate Team de FIFA, nos tocará ir abriendo sobres, montando nuestro equipo e intentar la dominación de los demás equipos de la NBA para luego intentar la dominación histórica (o sea contra equipos clásicos de la NBA). También tendremos desafíos que pondrán a nuestro equipo en situaciones reales de los últimos años y deberemos superarlas como por ejemplo no dejes que los Golden State te remonten en el último cuarto. Además de estos también tenemos eventuales; por ejemplo, debido al nuevo Año Chino había unos desafíos basados en partidos con Jeremy Lin y Yao Ming. Si lo nuestro es enfrentarnos a otro jugador, también podremos hacerlo.

A diferencia de Mi Carrera, Mi Equipo sí que me parece un modo equilibrado en el que el esfuerzo y las recompensas van de la mano (aunque siempre podemos pasar por caja para obtener más sobres rápidamente). Un buen papel también juega la Casa de Subastas en las que si somos pacientes podremos obtener buenos jugadores a un precio no muy elevado y montarnos un equipito resultón.

El resto de modos, más clásicos, complementan el abanico de posibilidades que seguramente recoja algo para ese fan de baloncesto que quiera echarle unas horas al juego o al que le va a dedicar todo el año. No queda mucho que NBA 2K no permita ya y es que tanto si queremos hacer una temporada normal y corriente o con fantasy draft podremos hacerlo. Si queremos dedicar nuestro sudor a las contiendas callejeras online, tenemos Blacktop o, por el contrario, si lo nuestro son los despachos, podremos ser los mánagers de cualquier franquicia e incluso crear un equipo desde cero. La decisión es nuestra, en función de las horas que tengamos pensadas dedicarle al juego.

NBA 2K17 es una apuesta sólida. Un juego capaz de mantenernos pegados a él durante todo el curso, con sus diferentes modos y sobre todo gracias a una espectacular jugabilidad, capaz de sorprendernos tras cientos de partidos. Como deberes, 2K y Visual Concepts deberían prestar un poco más de atención al envoltorio del juego para poner una guinda definitiva al pastel, eso sí, sin olvidarse del núcleo del juego y sin perder esas ganas de querer mejorar año tras año que tanto existo les está dando.

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