Análisis Deus Ex: Mankind Divided

Han pasado ya cinco años desde que Deus Ex volvió a lo alto de la palestra con Deux Ex: Human Revolution. La aventura de Adam Jensen estaba cargada de virtudes, únicamente salpicadas por un par de manchas en forma de enemigos finales y de ejecución del final del juego. Mankind Divided, la continuación de Human Revolution, cumple con lo esperado y mantiene el buen hacer de su primera entrega y maneja de mejor forma las contras de su predecesor.

No a los aumentados

Deus Ex: Mankind Divided nos traslada dos años después de los fatídicos sucesos finales de Human Revolution. Ahora, Adam Jensen trabaja para la Interpol, lejos de las corporaciones, y utiliza sus habilidades para intentar calmar a una sociedad fragmentada que reniega de los aumentados.

Esta segunda entrega repite, a grandes rasgos, el planteamiento visto hace cinco años; diferentes eventos que tienen lugar al principio del juego nos meterán de lleno en una intricada conspiración que pretende dejar a la sociedad más tocada que nunca. A nuestro pobre Adam Jensen le tocará pasearse, casi siempre, por Praga para desentramar todo el lío montado y, de paso, echar una mano a los habitantes de la capital checa.

Y es que, al margen de la historia principal, una de los grandes añadidos de esta segunda entrega es la adición de misiones secundarias interesantes, que pretenden algo más que rellenar horas de juego. Durante nuestros paseos por Praga, podremos colaborar con todo tipo de personajes e ideologías que, por ejemplo, nos obligarán a desmantelar (o no) una red de documentos de identidad para aumentados o ayudar a un medio de comunicación resistente que pretende destapar ciertas verdades incómodas.

Como digo, no son meros complementos, sino que aportan lo suficiente para que, junto a la historia principal, dibujen perfectamente el contexto en el que habita esta segunda entrega, mucho más ominosa que Human Revolution.

Tanto en la historia principal como en las secundarias, Mankind Divided nos dejará tomar algunas decisiones, que tendrán alguna o mucha influencia en el transcurrir de la historia. Si bien en Human Revolution ya se jugaba con el poder de decisión, su final era un jarrón de agua fría al ver que el desenlace se basaba más en que botón apretar, obviando nuestro recorrido por el juego. Esta vez, Eidos Montreal ha elaborado más el árbol de decisiones, haciéndonos más participes de la historia y con un desenlace en función de nuestras elecciones.

Tampoco es oro todo lo que reluce porque aunque se ha mejorado en este aspecto, las bisagras que inclinan la balanza a un desenlace u otro son demasiado evidentes y es una pena no contar con un tratamiento más complejo de todas nuestras decisiones; la historia y ambientación bien lo merecen.

Adam 1.5

Si jugasteis a Human Revolution, casi de obligado cumplimiento si queremos disfrutar un poco más los intríngulis de Mankind Divided (pese a que el juego cuenta con un vídeo la mar de didáctico), os encontraréis con un Adam Jensen prácticamente igual. Su árbol de aumentos es muy similar al de la anterior entrega con la única diferencia de nuevas potentes habilidades que tendrán alguna restricción de uso (aunque a mitad de juego esa restricción desaparece).

Jensen, gracias a sus aumentos, puede afrontar sus quehaceres a lo bruto, en sigilo, apoyándose en su camuflaje óptico o siendo un as del hackeo, que ahora encima podremos evolucionarlo para que sea a distancia. Las posibilidades son muchas y es un gusto, como también sucedía en la primera parte, coger un estilo de juego y poder serle fiel durante toda la partida. Además, elijamos el estilo que elijamos, todos están muy bien resueltos y no encontraremos pegas a la hora de decantarnos por ser de gatillo fácil o por ir de pared en pared buscando ese punto muerto en la visión enemiga y, si todo falla, activamos el tifón.

Ese amplio abanico de opciones permite una gran rejugabilidad y si queremos cambiar nuestras decisiones durante la partida no es mala idea cambiar también nuestro estilo de juego y ver todo el buen trabajo, de diseño de niveles sobre todo, que hay en Mandkind Divided.

En mi caso, y al igual, que hice en el primero, elegí por la opción no letal y salvo una explosión que se me fue de las manos, pude acabar el juego sin eliminar a ningún enemigo. Mi amiga la pistola de dardos y mis ejecuciones no letales me acompañaron durante mi recorrido obviando fusiles de asalto y escopetas entre otros, incluso contra enemigos finales.

Una de las mayores críticas a Human Revolution fue que, escogiésemos el estilo que escogiésemos, nos tocaba intercambiar fuego con los diferentes enemigos finales que aparecían fastidiando, en parte, nuestra experiencia de juego. Eidos Montreal ha aprendido de sus errores y la elección también existe a la hora de enfrentarnos a los jefes finales, que justamente no es que abunden ya que durante mi partida, salvo el gran enemigo final, me topé con uno, por llamarlo de alguna manera, durante una secundaria. En todo caso, a ambos combates les puse fin sin tener que segar la vida del rival y ayudó a que mi Adam Jensen pueda dormir mejor por las noches.

5 años es mucho tiempo

Como fan del primer Human Revolution, le agradezco a Eidos Montreal que esta entrega sea evidentemente continuista y haya dejado experimentos raros para otras historias. Pero eso no quita que la innovación de Mankind Divided sea prácticamente nula y, teniendo en cuenta que han pasado cinco años desde el primero, la verdad es que sabe a poco que, por ejemplo, no hayan elaborado mucho más el sistema de decisiones o que haya más contenido (en veinte horas estás viendo los créditos con bastante secundarias hechas).

No sé si por falta de ambición o por no querer tomar demasiados riesgos pero, con un poco más de trabajo, esta segunda entrega podría haber sido un juego mucho más completo y profundo  de lo que ha terminado siendo, tanto a nivel narrativo (hay líneas argumentales, como la de la religión pro aumentados, que merecían mucha más dedicación) como a nivel técnico, en el que pese a rendir a buen nivel, hay modelados de personajes y algunas animaciones que dejan que desear. Lo mismo ocurre con la partitura, en la que ha repetido Michael McCann, que cumple y acompaña pero no tiene ningún tema tan poderoso como el Icarus de la primera parte.

Si como a mí, os habéis quedado con ganas de más, Eidos Montreal ha elaborado un modo de juego, llamado Breach, en el que encarnamos a un hacker que deberá colarse en servidores ajenos para sacar a la luz mil y un secretos. El modo es una evolución de una pequeña misión que realizamos en la campaña principal y funciona como las VR Missions de Metal Gear; en un entorno virtual tendremos que cumplir diferentes objetivos y, muchas veces, con el tiempo en nuestra contra.

Si disfrutamos con la jugabilidad de la campaña, nos gustará Breach, al que podremos dedicarle unas buenas horas, completando todas las misiones y mejorando a nuestro hacker. Si por el contrario, esperáis algo más a nivel narrativo, toca esperar a una futura entrega (o a los DLC’s de turno).

En definitiva, si te gustó Human Revolution, Mankind Divided no te defraudará. Todo está como lo dejamos en el primer juego para que podamos volver a divertirnos con el estilo que más nos plazca y disfrutando de una historia excelente pero que se podría profundizar mucho más. Personalmente, me pesa que en cinco años no se hayan trabajado más una serie de aspectos pero Eidos Montreal tiene tiempo (espero que no otro lustro) para compensarme con la siguiente entrega.

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