Quantum Break

Análisis Quantum Break

El tiempo lo es todo en Quantum Break. Su historia, su ambientación, sus mecánicas, su serie… absolutamente todo gira en torno a las idas y venidas de los protagonistas intentando controlarlo, evitándolo o hablando sobre las diferentes posibilidades que ofrece. Lo que en principio sería una virtud, acaba convirtiéndose en su gran lastre debido a la superficialidad con la que termina por tratarlo todo.

La última obra de Remedy Entertainment nos pone en la piel de Jack Joyce, un joven de pasado turbulento que acude a su ciudad natal, tras la convocatoria de su amigo de infancia, Paul Serene. La reunión no acaba demasiado bien, debido a un experimento con una máquina del tiempo por el medio, el hermano de Jack se entromete, una poderosa corporación asalta el centro… y bueno acabamos ganando ciertas habilidades para manipular el tiempo a nuestro antojo.

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El inicio de Quantum Break es muy prometedor. La calidad gráfica del juego, el contar con actores conocidos, como Aidan Gillen (Paul) o Shawn Ashmore (Jack) o la acción, que mezcla tiroteos con los poderes del protagonista, presagian unas buenas horas de diversión y una historia muy interesante.

Lamentablemente, el juego no cumple con las expectativas. Quantum Break quiere hacer demasiadas cosas bien y no brilla en ninguno de sus apartados (salvo el técnico). Pese a sus buenas ideas, como meter intermedios en los que controlamos al antagonista, seguidos de capítulos de una serie de actores reales creada exclusivamente para darle más fuerza al juego, la historia de Remedy nunca termina de enganchar, básicamente porque se prefiere construir la narración a partir de tres o cuatro momentos muy espectaculares en lugar de hilvanar una historia y de ella sacar esos grandes momentos.

A la jugabilidad le pasa tres cuartos de lo mismo. Jack es muy competente con el uso de las armas y cubriéndose en las coberturas, por lo que añadirle los poderes temporales solo conseguimos crear una bestia parda que apenas sufrirá contra la huestes enemigas de Monarch. El uso de sus habilidades especiales es demoledor, sobre todo un sprint, que aprendemos bien entrado el juego, en el que el tiempo se detiene y Jack puede moverse, situarse tras sus enemigos y acabar con ellos. Es una pena que Remedy, bien conocedora de hacer shooters en tercera persona, no haya conseguido homogeneizar mejor la acción física con las triquiñuelas temporales.

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Entre combate y combate, gran parte de nuestro tiempo será observar el entorno e ir encontrando objetos que añadan más información a los eventos que están sucediendo en la trama y complementen a los que se nos explican en la serie. Se agradece ese extra de información, pero pararse a leer cada pocos segundos arruina el ritmo de juego, en cambio no hacerlo nos privará de información que hubiera sido más inteligente contar mediante escenas del juego.

Quantum Break también incorpora algún que otro puzle muy sencillo como por ejemplo jugar con el tiempo para recomponer una estructura en ruinas, destruida apenas unos minutos antes. Se agradece el intento pero una vez más Remedy apenas rasca en la mecánica y ofrece situaciones demasiado básicas que merecían un poco más de mimo.

Volviendo a la historia y a los personajes que aparecen en ella, se echa de menos una mayor profundidad en todos los personajes y sus relaciones, sobre todo en la serie donde han querido incluir personajes, que apenas tienen protagonismo en el juego, y que nunca consiguen llamar nuestra atención. ¿Dónde quedó la Remedy que nos cautivaba con la relación de Max Payne y Mona Sax? Ninguno de los personajes del juego (y la serie) consiguen emocionarnos lo más mínimo y es una pena porque había potencial para construir algo mejor y más profundo.

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En definitiva, Quantum Break es una oportunidad pérdida. Dado todo el despliegue de medios que había para la ocasión, es una pena que nos tengamos que contentar con un juego superficial, con una historia que podía dar muchísimo más de sí pero se conforma con un par de giros y más de alguna peligrosa laguna. La jugabilidad es entretenida, sobre todo apoyada por el poderío técnico del juego, pero también peca de demasiado simplista y, al final, repetitiva.

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